Hola a todos, bienvenidos una vez más a In Your Own Times. Esta ocasión quiero hablar de un álbum que esperé demasiado tiempo en su momento. Tal vez cinco años desde su lanzamiento no tengan sentido para hablar de él, podría ser un álbum más del montón que se quedaron en el concepto y fallaron en sus pretensiones, tampoco tengo la más mínima idea, pero si de algo estoy seguro es que OneRepublic es una de mis bandas favoritas desde que tengo conciencia de su existencia. Antes ya escribí sobre sus primeros tres trabajos, después hice un análisis de Oh My My (2016), su cuarto álbum de estudio y había quedado con ganas de escuchar más sobre ellos, porque nos habían dado calidad, un sello distintivo, porque venían de una racha de discazos, porque la dupla Tedder-Kutzle es asombrosa cuando se lo propone. Para variar, llegó el 2020 y la pandemia por delante y el disco ya estaba anunciado, ¿pero entonces qué sucedió?
Human de OneRepublic, las facetas de nuestra existencia
Este quinto álbum llegó en 2021, y ya tiene el sonido consolidado de OneRepublic, con capas atmosféricas, guitarras con rasgueos intensos, secciones de cuerdas realmente ambiciosas, elementos electrónicos que roban el protagonismo, pero que saben ceder cuando es necesario. Es un álbum sobre nuestra humanidad, el vivir y disfrutar, sobre apreciar nuestra dualidad y nuestras contradicciones, sobre perder el rumbo, pero también de encontrarlo, o de permitir que nos ayuden a volver a él. De romper el corazón o permitir que nos destrocen, para volver a reconstruirnos. De buscarnos el uno al otro porque no fuimos hechos para estar solos. De estar y permitir que nos acompañen. Es una dualidad total de nuestra existencia, y podemos ver a los demás, pero también explorar dentro de nosotros y observarnos tal cual somos, desnudarnos y hablar con franqueza, esperando una existencia que valga la pena al final de nuestro reloj vital. Es un álbum existencialista, pero a su manera, con los dilemas planteados en producciones anteriores, pero aterrizados en grandes y pequeñas vivencias de miles de personas en un álbum con cohesión, pero con un alma electrificada.
Analizando el contenido. Gran propuesta, pero queda a deber
Ser humanos implica disfrutar la vida, pero también caer en cuenta que las cosas se pueden complicar. Run (84/100) nos lo recuerda, porque somos niños aprendiendo y disfrutando las luces de la ciudad, con un sonido electropop electrizante y un ritmo que no hace más que envolvernos cada vez más. Otras veces ponemos mil barreras emocionales y nos estancamos en conflictos que no tiene fin, en mil máscaras para ocultarnos, en un ego que nos da la razón cuando no la tenemos. Distance (44/100) y su sonido trap frenado y nocturno nos acompañan en una visita al interior, con ecos constantes y repiqueteos de beatbox, mostrándonos que el ego no manda, por más capas electrónicas que se le atribuyan y más justificaciones que quiera otorgar e intente convencernos de lo contrario. No funciona.
No tenemos que ser perfectos, somos seres con su propia vulnerabilidad, no tenemos la receta para la vida perfecta, no siempre podemos tenerlo todo, hay días malos, días luminosos y días en los que encontramos lo que necesitamos. Someday (87/100) y su electroacústica y luminosa atmósfera nos lo recuerdan, con el Ryan Tedder más brillante de todo el álbum al frente, con un ritmo festivo y optimista que sacaría a cualquiera del desánimo más pronunciado.
Didn’t I (75/100) nos lleva a una visita a los recuerdos de quien amamos, pero que ya no está con nosotros. Con un repiqueteo R&B y ecos del ayer azotando entre todos los lugares, el café de la octava, el apartamento del hermano, los buenos días, la vida que era un deseo hecho realidad, los sentimientos que aún viven, los planes no materializados, y nos deja la misma pregunta: ¿acaso no hubo amor? A veces no hay respuesta, simplemente los recuerdos se funden en tensas cuerdas y se diluyen hasta el vacío.
Otras veces podremos caer en la dependencia emocional, buscando validación y respaldo, pero no siempre tendremos la certeza de que el otro podrá ayudarnos. Rescue Me (78/100) nos lo echa en cara, con acordes de guitarra y un bajo que sostiene lo que no estamos seguros de que alguien pueda sostener cuando lo necesitemos.
Visitando a Choke (Oh My My, 2016) y Can’t Stop (Native, 2013) llegamos a la conclusión de que no podemos sostener una vida siempre solos, que necesitamos elementos de los demás de vez en cuando para poder sostenernos. De esta forma nació Savior (63/100), en un grito de desesperación, cansados de analgésicos para el alma con resultados que no nos llenan, pero encontrando ese apoyo en notas melancólicas de piano y voces de aliento de un coro góspel. En ocasiones, ese salvador toca a la puerta casi en seguida, porque Take Care Of You (77/100) llega a ofrecer su mano para ayudar a atravesar el mal momento, con un ritmo festivo y envolvente, con gran crescendo y la promesa de que ambos se cuidarán mutuamente, porque en este momento el trago amargo ya pasó, solo queda disfrutar.
Hay cosas en la vida que quisiéramos olvidar y enterrar por siempre, los recuerdos y el esfuerzo no siempre lo valen, a veces duran menos de tres minutos, otros duran años repletos de repeticiones hasta el cansancio, como Forget About You (39/100) y Somebody To Love (51/100), en donde ya hasta fuiste reemplazado por alguien más cuando no acabas de entender cómo sucedieron las cosas, aunque tal vez sea por lo repetitivo y cansino que pudiste llegar a sonar, porque el trap y los sonidos tan lentos que se arrastran no eran lo que se necesitaba para salvar la relación. Solo queda olvidar y aprender la lección.
Hay algo muy humano en la búsqueda de significado de nuestra existencia, de ser necesitados, de ser buscados, de simplemente existir en la mente de una persona. Wanted (65/100) nos rodea con su sonido repleto de cuerdas y falsettos ahogados en explosiones sonoras, y echa mano de la habilidad sonora de Brent Kutzle en un momento magno pero breve, de nuestro tiempo de vida.
No estoy seguro de que desquitarse con el otro sea lo más saludable, pero Julia Michaels y Ryan Tedder nos acompañan en la escritura de algo que solemos hacer como humanos, a veces para sentirnos mejor, otras para dañar. Take It Out On Me (65/100) nos da esa descarga emocional con un pasaje de piano reverberante y difuso, como los sentimientos que nos nublan la razón, guiándonos para no quebrarnos. Habrá mejores días, con sonidos de la costa y de lugares lejanos, en los que no habrá llanto ni tormenta, ni preocupaciones que nos nublen la razón, así como Better Days (60/100) nos lo hacen saber.
En el ser humano está esa característica de no saber lo que tiene hasta que le pierde. De la mano de Kygo llegamos a Lose Somebody (66/100) que nos recuerda lo imbéciles que podemos llegar a ser, aderezando ese arrepentimiento y ese deseo de que las cosas sean diferentes con sonidos pulsantes y un piano de acompañamiento, con ligeras explosiones que acompañan ese mantra un millón de veces, para ver si así decidimos dejar de tirar por la borda oportunidades de amar de verdad.
Cuando sabemos que nuestro tiempo se agota, deseamos una última oportunidad de tener una vida salvaje y alocada, de que nuestra existencia pudiera durar para siempre. De poder aprovechar esos momentos de existencia para decir las cosas que no nos atrevemos. Wild Life (95/100) es ese último chance de continuar hacia el final inminente, luchar contra las lágrimas que se han vuelto cascadas desenfrenadas, y una última súplica por dar significado a nuestro trayecto por este mundo. Bellamente inundada en cuerdas envolventes y una atmósfera luminosa de redención, originalmente compuesta para la película Clouds, sobre la vida del músico Zach Sobiech, enfermo terminal de osteosarcoma, es una de las canciones más bellas que OneRepublic se han atrevido a crear.
Cerramos con el tema más humano y existencialista del álbum. Muchas veces nos preguntamos si al final todo se desvanece, si nuestros recuerdos están condenados a volverse imágenes borrosas, si nuestros lazos con los demás no van a durar, si tenemos miedo a que nuestro recuerdo se pierda. Ships+Tides (98/100) nos muestra que los barcos flotan o se hunden, al igual que las situaciones que nos acompañan en la vida, y al igual que nosotros. Elegimos permanecer o sucumbimos ante el sinsabor que muchas veces se nos acerca. Ese miedo al olvido se ve reflejado en un piano que nos ahoga y nos embate con fuerza en altamar, en una tormenta de cuerdas superpuestas y oníricas, como un mar de lamentos pidiendo no caer en el olvido.
Una vez analizado este trabajo, podemos decir que tiene un buen grado de coherencia y de cohesión, respeta su temática y aunque nos da tres grandes momentos dignos de un Grammy, tiene grandes tropiezos después de la parte media, que no llegan a los tres minutos. Es por ello que llegamos a la siguiente calificación.
Fue un placer haber analizado este álbum con ustedes. Me gustaría decir que Artificial Paradise (2024) fue mejor, pero me temo que OneRepublic se hunde cada vez más. Nos leemos la próxima.
Fin de la transmisión.
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