Hola a todos, bienvenidos una vez más a In Your Own Times. Esta semana analizaremos un álbum que lleva sonando bastante en mi celular desde que salió en Noviembre del año pasado. Suelo aprovechar mis tiempos de traslado de mi trabajo hacia mi casa, no tengo tiempo para desperdiciar, y justo eso ha ayudado a procesar mucho mejor su contenido, y es por ello que, hasta ahora, cuatro meses después de su lanzamiento es que me atrevo a hacer su análisis. Con ustedes, LUX, de Rosalía.
LUX, el camino a la entrega total
Portada de LUX
Rosalía es una artista, no hay otra palabra que le acomode mejor, y cumple con creces. Tiene formación clásica y como trabajo de grado en la Escuela Superior de Música de Cataluña, entregó El Mal Querer, ese segundo álbum de estudio que la puso en la mira internacional de la música. Desenterrando una novela occitana de hace setecientos años, trajo a la modernidad una historia de abuso y control en pareja, la aderezó con toda su esencia y utilizó sonidos flamencos. Se ganó el respeto de todos. Luego trajo el minimalismo con Motomami, un collage dadaísta sobre su propia persona, irreverente, intransigente, atrevido y difícil de procesar, y fue ahí donde encontró su estilo. No fue un álbum fácil, y pudo parecer feo a primera escucha, incluso a mí me costó digerirlo. Acompañado de una imagen femenina y empoderada fue que se vendió al mundo y arrasó con premios y logros que una artista española difícilmente alcanzaría.
Una vez con ese preámbulo, nos entrega LUX, el trabajo más ambicioso y maximalista que nunca antes había tenido el placer de analizar. Un álbum que cae entre la dualidad y la divinidad, el cielo y el mundo, lo sacro y lo profano, lo barroco y lo abstracto. Un disco repleto de contradicción, donde la lengua no es una limitante, llevando su música a todos los planos humanamente alcanzables. Nos canta en catorce idiomas, nos lleva alrededor del mundo, se transforma ─ como nos lo dijo en Saoko (Motomami, 2022) ─, y se alza a la gloria eterna.
La dualidad se expresa en miles de ricos sonidos, cientos de expresiones de lenguaje, variedad de estados de ánimo, las incontables fusiones de géneros musicales presentes, y en las suntuosas secciones de cuerdas barrocas acompañando a los modernos sintetizadores. Rosalía manejó el maximalismo como una contraparte del minimalismo de Motomami (2022) y adoptó lo explorado en El Mal Querer (2018). Nos llevó por un viaje de descubrimiento espiritual dentro de ella, y también alrededor del mundo. No entregó todo un crisol multicultural en un álbum de sesenta minutos, en donde la calidad no baja y la emoción no cede, se transforma. Nos puede entregar valses absurdos, rumbas y flamencos, arias de soprano y sintetizadores intransigentes, todo en el mismo sitio, pero acomodado en cuatro movimientos, como si de una sinfonía se tratase.
Entre sus invitados cuenta con su amigo y productor ─ya muy querido por aquí─ El Guincho, que auxilia en las partes rumbas, flamencas y en la composición irreverente; Björk, la artista más consagrada de Islandia; Yahritza y su Esencia, que no han sido perdonados por mi gente; Yves Tumor, con su sonido avant garde y su arquitectura sonora irrumpiendo; y Carminho, Estrella Morente y Sílvia Pérez Cruz, grupo de artistas consagradas en la música ibérica, complementando de manera divina el material que finalmente llegó a nuestras manos, y en ocasiones apareciendo de manera necesaria, siendo indispensables en su expresión y en su sentimiento, porque hay idiomas que se hacen escuchar, y otros que demandan sentirse. Todo está musicalizado por la Orquesta Sinfónica de Londres, logrado de manera épica, creando una auténtica Sagrada Familia de Barcelona musical, de dimensiones colosales.
Análisis movimiento a movimiento
Me resulta imposible reseñar por canciones, la estructura del álbum tiene una intención muy clara al dividirse de esta manera, así que haremos algo un poco diferente en este post.
Primer movimiento: la dualidad
Este primer movimiento nos muestra la dualidad en diferentes matices y momentos líricos y sonoros, y a mi parecer, el mejor de los cuatro. Empezamos con Sexo, Violencia y Llantas y ese piano melancólico, secciones oscuras de cuerdas y coros que irrumpen con un poderoso sintetizador, donde todo circula entre la frase “primero amar el mundo y luego amar a Dios”.
Lo mundano y lo celestial convergen. Soltamos la tensión y realizamos un viaje por todo el mundo, con un alma nómada, donde entregamos cada aspecto de nuestro ser, porque lo que nos fue dado fue para transmitirlo. Rosalía hace un homenaje a Santa Rosa de Lima, muy a su manera con Reliquia, cargada de luminosos arreglos orquestales, sonidos de percusión ahogados para sonar secos, un delicado piano que se funde hasta el silencio con su voz, y una irrupción ametralladora hacia el final de la canción. Una narración magnífica sobre el ofrecimiento absoluto de su ser y de su cuerpo al mundo como prueba de su amor, una reliquia viviente, que se recordará cuando ya no esté.
Ese piano delicado se vuelve oscuro para después iluminarse, con Divinize, cantada en inglés, catalán e italiano. La dualidad del cuerpo, entre la pureza y el pecado es palpable en un ir y venir teológico, preciosos acompañamientos orquestales y uno de los bridges más hermosos que Rosalía ha creado.
Una poderosa dualidad entre la luz y la oscuridad, en constante coexistencia y contradicción se presentan en, la que para mí es la mejor canción del álbum. Porcelana es un viaje constante entre estos extremos, con versos en japonés para explicar lo que el español no alcanza a describir, entre ellas, a esa monja japonesa que prefirió terminar con su atractivo antes de que otros la destruyeran a causa de él. Tenemos palmas flamencas soportadas por bombos orquestales y tensos sonidos de violines y violas, desembocando en un fuerte piano, que atraviesa por esos coros celestiales, deteniéndose en seco. Es arquitectónica, tensa y magnífica. Navega entre el miedo y la entrega total, de maneras que se hacen sentir en una mágica transformación hacia el final.
La luminosidad se transforma en melancolía y luz para hablar de una relación marcada por la devoción y el profundo amor a Jesucristo entre San Francisco y Santa Clara de Asís, probablemente la canción más fervorosa de su carrera, con Mio Cristo Piange Diamante, a su vez, inspirada en las óperas de Pavarotti, con un aria majestuosa a piano y orquesta, y un poderoso registro vocal de Rosalía, rozando lo celestial y la divinidad, la dualidad complementaria de la pareja de santos apoyándose y soportando sus heridas, los golpes recibidos, los abrazos otorgados en una magnánima obra de entrega total.
Segundo movimiento: soltar
Berghain es quizá la canción más difícil de interpretar. Cantada en alemán y español, inspirada totalmente en Vivaldi y acompañada de la arquitectura musical de Yves Tumor y la magna interpretación de Björk como invitada especial. Rosalía canta atrapada en el alma del otro sin poder distinguir exactamente dónde deja de ser ella y el cómo destruir esa fusión para liberarse. Su voz está atrapada entre fuertes secciones orquestales barrocas y coros apocalípticos, en una cuestión de vida o muerte. Su única salida es soltar al otro, porque con él no puede ser ella, un alma frágil, un terrón de azúcar, y la sola presencia del otro se vuelve insoportable irrumpiendo en su esencia. Mike Tyson realiza esa irrupción agresiva con su “I’ll fuck you till you love me”, que podría destruirla, mientras Björk reza que la única forma de liberarse es por intervención divina.
Procedemos a soltar a alguien que solo nos ha traído problemas con La Perla,una canción de payasos de circo ridícula transformada en un vals con gran clase, acompañamientos de la guitarra y la voz de Yahritza y su Esencia y una descripción sobre alguien que no da, que es de los que quitan. Es la jugada maestra de Rosalía, y el ganchito comercial del álbum, a su estilo. Una tiradera con gran uso del léxico y la elegancia.
Nuestro siguiente trayecto es acompañado de tensos instrumentos de viento sin percusión y de una atmósfera gris con niebla sobre el suelo. Mundo Nuevo no se escucha, se habita, se siente en el lamento y el reniego de Rosalía en su forma más pura desde Los Ángeles (2017). Renegamos sobre este mundo que queremos soltar para buscar la forma de llegar a un mundo nuevo. Es oscura y desoladora.
Rosalía y El Guincho
Conectamos los vientos en una rica canción flamenca, y el primer atisbo de El Guincho en este material, con De Madrugá. Recibimos cadenas y cargamos con cruces que no podemos soltar, con un inmenso dolor e ínfulas de venganza, pero nos alzamos con gran victoria y transformación al soltarlas, triunfales entre palmas flamencas y vientos de metal. Un gran cierre entre lo tradicional y el avant garde.
Tercer movimiento: la entrega a Dios
La entrega a Dios llega en medio de dudas y señalamientos, porque una fe que no duda, no crece. Dios es un stalker abre en forma de rumba este tercer movimiento, al más puro estilo de Rosalía, irreverente, irónico, armando una fiesta por los callejones de Granada y el Sacromonte, repleta de violines arábigos en un cargado ambiente andaluz. Todo mundo lo quiere de su lado, tiene el buzón explotao, pero prefiere que lo encuentres a Él, en lugar de hacer intervención divina, si no, ¿qué caso tendría? Todo se vuelve un camino sinuoso repleto de orquestación en una carrera espiritual entre Él y Satanás por quedarse con tu fe. No hay más, la fiesta termina en seco.
Nuestras cuerdas estiradas bajan el ritmo para hablarnos de la forma más espiritual posible, porque el español no alcanza para describirlo y el inglés se queda lejos. El verso en árabe nos dicta algo más allá de la fe convencional, con La Yugular, una canción que destruye el cielo y derrumba el infierno como muestra de amor total. El bridge no hace más que mostrar esa dualidad del alma mediante objetos enormes en recipientes pequeños, desembocando en un canto catártico en búsqueda del ofrecimiento absoluto e incondicional en crescendo, con los violines iluminando los rincones más inalcanzables de los 21 gramos que pesa el alma, resonando entre lo magnífico y lo diminuto, sin importancia alguna, salvo esa sed de entrega, donde mil puertas y un séptimo cielo no alcanzan. El corazón de este material, la magnificencia materializada, la lux que desprende el álbum y que salió por mis audífonos la primera vez que llegó a mí.
Focu 'Ranni es la canción de Santa Rosalía, su tocaya de Palermo. Adereza la cancelación de su matrimonio vistiendo del morado, para su entrega absoluta a Dios, con su color favorito. Distorsiones sintéticas vocales adornando un folk celta bien aderezado de violines y flores al ritmo del tablón y el cajón flamenco. Adornan un amor más allá de nuestro entendimiento, una vida consagrada a Él, sin condiciones, solo acompañamiento, un amor que trasciende lo espiritual.
Un viaje hasta las murallas de Ávila con un piano nostálgico y cuerdas esperanzadoras nos da Sauvignon Blanc, dejando nuestros lujos, prendiendo fuego al Rolls Royce y botando las Jimmy Choo, pero no con dolor, sino con convicción de que, seguir una vida sencilla nos llevará a Él. Una reinterpretación moderna de Santa Teresa de Ávila, con dedicación, con gran energía, mientras bebemos una última copa de aquel vino lujoso, que será quebrada en miles de esquirlas antes de salir en Su búsqueda.
Jeanne cierra con un panorama desolador entre las llamas y el piano reverberante de un réquiem de notas bajas, alzando el alma de Juana de Arco en una entrega absoluta anunciada por un ángel que no vio si era un hombre o una mujer, sino su corazón, que bajó las armas y se ofreció a Dios ardiendo en la hoguera y alzándose a la vida eterna. No por ella, sino por su pueblo, por los demás, marcando esa iluminación en las notas de las cuerdas que se elevan hacia el final.
Cuarto movimiento: el perdón, la liberación y la vida eterna
Novia Robot irrumpe con gran carga política, irreverencia, ironía y sonidos metalizados, robóticos en algo que pasaría por Motomami (2022), pero que evoluciona hacia una de las mayores catarsis del álbum. Procedemos con un trap disfrazado de palmas flamencas en lo-fi, llenándose de cuerdas hacia el final. Musicalmente se siente un poco fuera de lugar, y es la que menos me gusta, aunque el mensaje que la acompaña es poderoso. La historia de Miriam, la de Moisés, pero también tu vecina maltratada, tu amiga explotada, incluso tu madre manipulada. Si Miriam se liberó de la esclavitud y cruzó el Mar Rojo, aquí se libera de un sistema que cosifica, que explota, que reprime a la mujer para su propio placer, y que, contra todo, tristemente, se sostiene. Los diamantes se hacen bajo presión y brillan, ¿por qué ellas no?
Sílvia Pérez Cruz
Regresamos a las cuevas del Sacromonte granadino de la mano de El Guincho, pero también de un par de invitadas especiales, Sílvia Pérez Cruz y Estrella Morente para el último baile del disco, con La Rumba del Perdón. Con gran humanidad procedemos con esas guitarras sostenidas de palos flamencos y bombos orquestales y llenamos el ambiente nocturno con claroscuros naranjas que iluminan situaciones que nadie ha querido ver, sombrías e imperdonables, entre el abandono, las habladurías, la mentira, la traición, las peleas y el asesinato, cargando rencores y veneno circulando en las venas, con gritos que perdonan para seguir, toíto te lo perdono porque el rencor no es parte del plan divino.
Carminho
El portugués es una lengua que transmite algo que el español no puede, y el fado es la forma indicada para hablar de estarnos perdiendo a nosotros, de una manera que no podemos controlar, que no pedimos, y que lamentamos (se da a entender que es alguien sufriendo los estragos del Alzheimer). Memória tiene ese miedo a perdernos, a olvidar lo que no queremos, a que el tiempo pase y nos arrastre con él y no sepamos qué nos llevó hasta ahí. Carminho hace una súplica para no caer en el olvido, que al llegar al final de su vida pueda recordar sus memorias. Un acto puro y humano está en el pedir recuerdos prestados porque los nuestros ya no existen, un deseo imposible reflejado en los ojos nublados que han visto cantidad de ocasos que ya no están en ellos. El lamento acompañado de coros celestiales transmite ese dolor y nos lleva hasta las lágrimas antes de que el final llegue, aunque lo recordemos un poco diferente con el pesar del tiempo.
El último suspiro, la última petición cargada de agradecimiento antes de trascender a la vida eterna llega con Magnolias, en una devastadora escena musical con gran solemnidad para acompañar. En este último acto nos despedimos y miramos hacia atrás por un último segundo hacia una vida que nos lastimó, pero que nos enseñó. Pedimos un funeral con amigos y enemigos, todos lloran, pero bailan, esperando a que la luz vuelva, entre vino y chocolate. La vida se va y nos lanza azúcar moreno como último regalo. Un rayo de luz aparece para guiarnos camino arriba, al tiempo que nos tiran magnolias para despedir a una existencia maravillosa y llena de significado, de memorias y de historias. Una súplica para proteger cuando ya no estés aquí aparece para Él, porque el tiempo se esfumó y volvemos hacia las estrellas… porque somos polvo y hacemos una travesía de regreso a ellas.
Después todo es silencio.
Un álbum con ese grado de cohesión, entrega, ambición y corazón no podría tener otra calificación que esta:
Fue un placer para mí poder analizar este álbum con todos ustedes, espero que haya conquistado sus corazones, al igual que al mío, que quedó realmente cautivado. Dejen su opinión en la parte de abajo y compartan en todas sus redes sociales. Nos leemos la próxima.
Fin de la transmisión.
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