Hola a todos, bienvenidos una vez más a In Your Own Times. El día de hoy estaremos hablando de un trabajo musical que, en su momento no supe bien cómo tomar, porque me movió completamente la jugada, y este mes está cumpliendo trece años desde su lanzamiento, así que ya es un consentido por aquí. Con ustedes, Paramore, de Paramore.
Paramore: el corazón ecléctico de la banda
| Inicialmente esta era la portada del álbum. También hay una para la edición deluxe, pero ambas fueron descartadas hace unos años. |
Paramore en 2013 venía saliendo de una mala racha con discusiones internas
y malas críticas lanzadas como dagas envenenadas hacia Hayley Williams. Se
habían quedado sin dos miembros fundadores y habían lanzado un EP de cuatro
canciones, incluyendo Monster, para la película Transformers: Dark of the Moon
(2011). Lo que no esperábamos es que la línea del álbum se volviera tan llena
de estilos musicales, puesto que nos habían acostumbrado al pop punk y al rock
alternativo. Sin más ataduras, podían hacer lo que se les antojara, ya estaban
consagrados. Taylor York tomó la batuta que Josh Farro arrojó al suelo y nos
trajo cantidad de inspiraciones funk y cosas más experimentales, como el
shoegaze y el new wave revival. Hasta ese momento no habíamos sido capaces de
ver que ya habían tocado el techo, y en esta ocasión, lo volaron en pedazos
para ascender a la gloria absoluta. Habían despejado las barreras del género
musical y las reglas escritas para dejar entrar aire fresco a la habitación, y simplemente dejaron aterrizar en la partitura
y el cuaderno lírico todo de sí, había mucho que descargar en ellos. El resultado fue sorprendente.
Con cuatro actos separados por tres interludios de ukelele, diecisiete canciones y dos bonus tracks, más una versión colaboración y más de 60 minutos de duración, nos dieron uno de los proyectos más ambiciosos para una banda en crisis, y quién mejor para dirigir la orquesta que Justin Meldal-Johnsen, un ecléctico ochentero de corazón, del cual admiro sus trabajos con M83, Beck, Neon Trees y Tegan and Sara. Una visión tan variada necesitaba salir de las manos de Rob Cavallo y David Bendeth, que ya habían hecho su trabajo.
El análisis
Un álbum así es un viaje por una carretera llena de curvas y bajadas abruptas, muy emocionante. No se parece en nada a ninguno de los tres trabajos previos, es un lienzo en blanco que llenaron de color y vibraciones musicales. Nos llevaron en su auto con Fast in my car (89/100), repleta de sintetizadores y un fondo de guitarras oscuras, con ritmo pausado, pero en ocasiones pisando el acelerador, porque lo que buscan es divertirse.
Now (94/100) podría ser una de las canciones más ambiciosas de la banda,
con grandes guitarrazos, la misma línea de guitarras oscuras y una explosividad
que no hace más que crecer. Es el primer atisbo a todo el potencial de Ilan
Rubin, quien tomó la estafeta de Zac Farro en la batería (solo por este álbum),
y sostenida por uno de los mejores momentos de bajo de Jeremy Davis, además de que nos dejaron el mejor video musical de esta era. Si había
un futuro y lo querían ahora, no podían dejar que llegara si no crecían
primero, había cosas que dejar atrás y había otras que se abrazaron a ellos. Grow Up (93/100) es la apuesta más arriesgada
del álbum, el primer momento new wave del álbum, con un cierre magistral de
sintetizadores que suenan hasta que se disuelven en la nada, hasta que se
sueltan. Ya sin obstáculos, se vale soñar despiertos, correr lejos de la ciudad y
construir algo cercano a la realidad, con base en los sueños que aún viven en
ellos. Daydreaming (94/100) con su dream pop y power pop nos acompañan por esas
ocasiones en que soñaron sin haber cerrado los ojos, con guitarrazos oníricos y
delicados, en una aventura que desemboca en un último coro repleto de dinamita
y confeti, tan majestuosa y enorme, como los sueños que persigue.
Interlude: moving on es el primer interludio de ukelele, y en mi opinión,
el mejor de los tres y también el más largo. Tiene su encanto, pero
continuemos.
Si hablamos de ambición y crecimiento, Ain’t It Fun (95/100) es la canción
más grandiosa que habían escrito hasta ese momento. Es todo un collage de funk,
con góspel, power pop y soul. Más ecléctica, imposible, y además les valió su
primer Grammy en el 2015. Verlos llevarse ese premio fue la primera gran victoria
en la cara de quienes aún querían ir a llorar porque los Farro ya no estaban.
Nadie nos alistó para esta segunda parte. Monster era apenas un aperitivo
para lo que nos esperaba en esta sección, y nadie la vio venir de ningún lugar.
Part II (100/100) es la mejor canción de todo este álbum, y la continuación de
Let the Flames Begin (Riot!, 2007). Es una oda oscura y mágica post punk, con los mejores
registros vocales de Hayley, y un magnífico, oscuro y tempestuoso bridge que
lleva el shoegaze al siguiente nivel, donde los sonidos flotan por todos lados,
envueltos en múltiples capas de guitarras, con la voz de Hayley sirviendo como
instrumento y con la batería al frente para mantener todo el conjunto anclado a
tierra. Una vez que procesamos las emociones anteriormente experimentadas
llegamos a la canción más íntima del álbum, Last Hope (94/100) es el himno de
los que no dejamos de luchar, que continuamos pese a todo, aunque sea con solo
una chispa de esperanza. Es la canción que nos levantó y nos dio aliento. De
las pocas composiciones en que Hayley se sienta al teclado, lo cual la vuelve
única.
En su momento, Hayley estaba enamorada, antes de que le arruinaran la vida,
y así nació Still Into You (86/100), de color rosa, con un sonido power pop y
new wave que sonaron en todos lados. Una canción que envejeció realmente mal.
Escuchar a Hayley en casi todas sus composiciones posteriores herida no hacen
más que confirmarlo, pero decirlo de esa manera me vuelve un anklebitter,
alguien que muerde el tobillo de manera molesta, como lo hace saber la siguiente
canción, cortita y alocada, uno de los momentos más divertidos del álbum.
Anklebitters (86/100) llegó para recordar que acomodarnos a los estándares de
otros es aburrido, y que siempre va a haber gente molesta y criticona.
Interlude: Holiday es el punto más bajo del álbum, con un ritmo pausado y
una voz que suena cansada, exhausta. Ya hiciste cosas grandes, ahora vete de
vacaciones, te lo mereces.
Si había una forma de continuar un álbum tan extenso sin dejarlo caer,
Proof (89/100) era la respuesta a las plegarias. Tiene grandes guitarrazos para
tratarse de una canción de amor. Mucho mejor lograda, por cierto, que Still
Into You. Tuve la oportunidad de escucharla en vivo en el 2013, en el Palacio
de los Deportes, y fue la canción que inició el encore del concierto. Pero si
vamos a hablar de amor, tenemos que seguir con Hate to see your heart break (90/100),
la canción más tranquila del álbum, plagada de secciones de cuerdas, algo que
la banda no había hecho hasta ese momento y una letra tan profunda acerca de alguien
que le recuerda al otro la alegría, las cosas que le hacen feliz, el aire en
sus pulmones y la cantidad de cosas bellas que tiene en su vida, porque odia
ver su corazón roto.
Hay veces que nos volvemos locos con el amor, pero esta es la historia de
la chica a la que dejaron y se volvió loca. (One of those) Crazy Girls (87/100)
podría empezar como una canción para el viejo oeste, pero evoluciona entre
secciones de cuerdas y algunos riffs desenfrenados, pero ese bridge y el coro
final son espectaculares, en especial porque esas cuerdas se van poniendo
dramáticas, pero sin perder la diversión del momento. Oír a Hayley diciendo que
ahora ella es una de esas chicas locas bien vale la pena.
Interlude: I’m not angry anymore es el último de los tres interludios, y
éste en especial no sabe si está enojado o simplemente le da igual. Tiene un
ritmo muy animado, a diferencia del anterior, y es un buen punto de entrada
hacia el final del álbum.
Cuando parecía que ya todo había sido contado, que ya no había grandes
canciones dentro del álbum y que todo lo que quedaba era relleno de Naruto,
llegamos a Be Alone (90/100), una canción que se toma su tiempo para empezar,
entre un riff que se diluye dos veces antes de consolidarse en una batería
explosiva y una progresión espectacular en su estructura, donde tenemos un
bridge repleto de capas de guitarras y voces con ecos que desembocan en
marcados golpes a los bombos para llegar a la parte final y dejar que la
guitarra se diluya, tal como empezó.
El gran final es una gran visión sobre el futuro, algo que siempre ha
estado presente en Paramore desde este álbum. El saber qué les depara. En
Future (93/100) tenemos una grabación que parece salida de un demo, con Hayley
cantando tranquila, acompañada de una guitarra eléctrica y el ritmo de unas
baquetas, antes de convertirse en un auténtico pasaje shoegaze, repleto de
guitarras que saturan la atmósfera y un sintetizador envolvente, emulando secciones de cuerdas de violín, que se diluye hasta quedar casi inaudible, pero
regresando a toda su potencia, y finalizando la canción diluyéndose hasta el
final. Como dato adicional, Hayley ha citado a esta canción como su favorita
del álbum.
| Portada de la edición deluxe. Nunca me gustó mucho |
En la edición deluxe aparecen otras dos joyas, por si pensábamos que no era suficiente. Native Tongue (92/100) hubiera sido una adición interesante a la lista principal, con ese sonido pop rock bastante animado, con aires de desconcierto, pero si extrañábamos un poco ese sonido del 2007, nos recomendaron hacer maletas y largarnos a California en una ruta de escape a las emociones que nos tuvieron hechos rehenes durante dos años que no supimos mucho, después de Singles Club (2011), porque Escape Route (96/100) es donde Ilan Rubin se volvió a alocar en la batería, llevando esto a velocidades ajenas a la especie humana y envolviendo en ecos atmosféricos todo el espacio, volándonos en pedazos por la emoción que, sin embargo, no dura ni tres minutos.
Una vez hecho un recorrido por un álbum que, el día de hoy es práctivamente un adolescente, que nos roció de polvos holly de colores, y que ha sabido envejecer a su manera, la calificación no podría ser otra:
Bien, eso es todo por el día de hoy. Debo agregar que este análisis fue realizado sin escuchar el material, que llevo impregnado en mi cabeza durante todos estos años. Fue un placer analizar con ustedes. No olviden compartirme en todas sus redes y dejar su comentario en la cajita de abajo. Nos leemos la próxima.
Fin de la transmisión.
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